16 nov 2011
11 nov 2010
¿Son lícitas las relaciones sexuales antes del matrimonio?

1ª Corintios 6:13 b dice: "Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo."
¿Sabías tú que en la Biblia a las relaciones sexuales antes del matrimonio se les llama ‘fornicación’? Ese es el nombre correcto. El mundo no le llama fornicación, porque el mundo quiere presentar esa relación como inocua, atractiva y placentera, y como que no deja ninguna secuela, ni produce ningún problema; es solamente una ‘interesante relación’, ‘un buen momento’, etc. Pero es una fornicación.
Si hacemos un seguimiento en el Nuevo Testamento de los fornicarios, encontramos hasta en Apocalipsis que éstos son excluidos de todas las bendiciones que vienen. No se puede concebir que un hijo de Dios sea un fornicario. Si alguno cae en fornicación, por supuesto, que tiene oportunidad para el arrepentimiento, pero sin duda que van a quedar secuelas: en su alma, en su corazón, en la otra persona. Las secuelas pueden ser variadas, y tal vez la más terrible de todas, en lo que afecta a una tercera persona, sea un hijo.
Dice: "El cuerpo no es para la fornicación". Pablo le habla aquí a los corintios, a los hijos de Dios. Este no es un mensaje para el mundo, sino para los hijos de Dios: "El cuerpo no es para la fornicación (y se refiere a este cuerpo), sino para el Señor y el Señor para el cuerpo". Luego dice, en los versículos 18 y 19: "Huid de la fornicación, cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo, mas el que fornica contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros?".
El mayor pecado: el pecado contra el cuerpo
Leamos también el 16 y el 20: "¿ O no sabéis que el que se une con una ramera es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne ... Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" .
Aquí se habla de que hay que huir de la fornicación, (después vamos a ver que ante estas cosas tú puedes huir o no huir). Lo que aquí se dice es que hay que huir, ¿y uno huye delante de qué? ¡Uno huye delante de un peligro! Yo creo que no es necesario decirte que huyas cuando ves a un león, ¡lo haces espontáneamente! Pero de este otro asunto probablemente tú no huyas espontáneamente, al contrario, te vas a sentir atraído, y por eso la Escritura dice: "Huid de la fornicación". Así como en otro lugar de las Escrituras dice: "Huye de las pasiones juveniles" (2ª Tim2:22).
Aquí se dice algo que es privativo de la fornicación, que lo diferencia de cualquier otro pecado. ¿Qué es eso? ¿Y cuál es la gravedad de este pecado por sobre otros? Es que el que fornica, peca contra su propio cuerpo, en cambio los otros pecados están fuera del cuerpo.
Vamos a explicar. Ustedes saben que en la cópula sexual entre un hombre y una mujer se produce la unión de ambos. Fíjate que la Escritura dice que en el matrimonio ambos serán una sola carne. Perfecto. Tú podrás decir: "Claro, en el momento en que se unen sexualmente un marido y su esposa, ellos son una sola carne." ¡Perfecto! ¡Eso es perfecto, es maravilloso, está dentro de lo normal, de lo legítimo! Pero mira cuán espantoso es que aquí se diga que "el que se une con una ramera es un cuerpo con ella", y se cumple la palabra que dice "los dos serán una sola carne", o sea, significa eso que no sólo puede ser una sola carne un matrimonio legítimamente constituido, sino también un hombre y una mujer solteros que fornican. ¡Mira qué terrible es eso! Lo que en el matrimonio es una bendición, en la fornicación es una maldición.
De manera que si tú eres un hijo de Dios, tú vienes a ser uno con una mujer o con un hombre que no es tu marido o tu esposa, y todos los pecados, toda la condenación y todas las frustraciones y toda una posible legión de demonios que eventualmente tenga esa otra persona se traspasarán a ti, porque eres uno con ella (o con él). ¿Entiendes? Del momento que se produce la fusión –obvio– todo lo de uno pasa a ser del otro. ¿Te das cuenta? Por eso que es un pecado grave el que se produzca la unión del cuerpo de un varón creyente con una ramera, o viceversa.
Luego dice: " ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?". El cuerpo del Señor Jesús fue, en sus días, el templo perfecto para el Espíritu Santo. Hoy día el templo del Espíritu Santo es tu cuerpo. Qué tremendo es eso: el Espíritu Santo habita dentro de ti y dentro de mí.
Cuidando el vaso
Vamos a ver ahora 1ª Tesalonicenses 4:3-4: " Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación, que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor". La Versión Moderna dice: "Que cada uno de vosotros sepa señorearse de su propio cuerpo en santificación y honra" . Noten ustedes que acá se dice "cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor", y en la otra versión dice "cada uno se enseñoree de su propio cuerpo en santidad y honor". ¿Por qué aquí dice "su esposa" y allí "su cuerpo"? En el original griego la palabra que se usa allí es "vaso". Dice : "Cada uno tenga su propio vaso en santidad y honor", entonces, los traductores han pensado de la siguiente manera: como en 1ª de Pedro se dice que la mujer es un vaso más frágil, ellos han dado por supuesto que aquí debe traducirse "esposa". Pero ahí en realidad dice "vaso", y el "vaso" a la luz de 2ª de Corintios y de muchos otros pasajes, incluido Timoteo también, es el "cuerpo", es nuestro cuerpo, nuestro cuerpo es un vaso que contiene un tesoro, un tesoro en vasos de barro, este es el vaso de barro: el cuerpo, tomado de la tierra.
¿Qué es lo que significa "cada uno sepa señorearse de su cuerpo"? Significa que tú puedes tener dominio sobre tu cuerpo. Ése es el punto. De ti depende, amado, si tú lo entregas a la fornicación o no. Tú tienes poder para señorearte sobre tu cuerpo. Esto es "en Cristo". Se está hablando a creyentes. ¡Cristo en nosotros!
El triste saldo de la fornicación
Vamos ahora a Proverbios 5:1-6: "Hijo mío, está atento a mi sabiduría, y a mi inteligencia inclina tu oído, para que guardes consejo, y tus labios conserven la ciencia. Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, y su paladar es más blando que el aceite; mas su fin es amargo como el ajenjo, agudo como espada de dos filos. Sus pies descienden a la muerte; sus pasos conducen al Seol. Sus caminos son inestables, no los conocerás, si no considerares el camino de la vida."
Por favor, hagamos el contraste aquí entre "antes" y "después" del acto sexual, de esta fornicación. "Antes", los labios de la mujer destilan miel y su paladar es más blando que el aceite. Pero "después de" la miel se transforma en ajenjo, y el paladar blando como el aceite, en una espada con dos filos; ¿su fin?, la muerte, el Seol. Todo eso, por 30 segundos de placer de la carne. O un minuto. Y eso es todo. La miel en ajenjo. El paladar suave y blando, en una espada de dos filos. Es así, exactamente.
Consérvate puro
Para terminar esta parte, veamos 1ª de Timoteo 5:22. Sabemos que Timoteo era un joven. Y Pablo le escribe esta carta aconsejando al siervo joven. Vamos a leer la última frase que aparece al final del versículo 22 : "Consérvate puro". Luego en 2ª de Timoteo 2:22, dice: "Huye también de las pasiones juveniles". Aquí está de nuevo el "Huye". Hay un peligro allí: las pasiones juveniles. También se puede traducir "pasiones juveniles" como "deseos desordenados". Este es el amor pasional del que hablábamos antes.
Timoteo también estaba expuesto, también tenía oportunidad de sentir aquello, también surgía en su corazón ese deseo, pero Pablo le dice "Huye de aquello".
¿Cómo conservarse puro?. Vamos a leer el Salmo 119:9-11: "¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti". Lo primero, amado hermano joven, es tener la palabra del Señor en el corazón, tenerla cerca, leerla, llenarse de la palabra.
Vamos a poner un ejemplo: esta cuestión es absolutamente proporcional. Cuando tu espíritu, el espíritu que de Dios tienes, está fuerte, bien alimentado y vigoroso, entonces el alma (y el cuerpo) es dócil, es como un siervo obediente y tú la puedes manejar, la puedes controlar. Pero, al revés, cuando el espíritu está debilitado, el alma (y el cuerpo) manda y se convierte en un amo terrible que no acepta ser desobedecido. Como ves, esto es inversamente proporcional. El espíritu está fuerte; el alma es sumisa; el espíritu está débil, el alma es un amo terrible.
La palabra de Dios es lo que fortalece y alimenta tu espíritu, es el maná que tú necesitas comer cada día. El alimento físico lo necesitas por lo menos tres veces al día para estar bien, ¿y no le darás a tu espíritu por lo menos una comida al día? Si no se lo das, por favor, no digas después: "Oh, hermano, es que no pude resistir, es que no tuve fuerzas, es que ando mal, ando decaído, ando bajoneado". Pero, hermano joven, ¡no le has dado alimento a tu espíritu hace meses! ¿Cómo quieres que esté vigoroso, cómo quieres que se enseñoree del alma y del cuerpo? La palabra, hermano, es el maná, es Cristo mismo que nos es impartido a nosotros.
Evitar malas compañías
Veamos ahora algo más sobre esto. El versículo 63 de este mismo capítulo 119: "Compañero soy yo de todos los que te temen, y guardan tus mandamientos". Te pregunto directamente: ¿De quién eres compañero? ¿De los que temen al Señor, de los que guardan sus mandamientos? Mira, si tú eres compañero de los que no temen al Señor y no guardan su palabra, entonces, estás en peligro.
Hay una pregunta que se hace un profeta en el Antiguo Testamento: "¿Caminarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?" No. Claro que no. De tal manera que si tú caminas junto a uno que no conoce a Dios y que está lleno de pasiones, significa que tú estás de acuerdo con él. Es necesario estar de acuerdo, y estar juntos, y caminar, y ser compañero de los que temen al Señor y de los que guardan su palabra.
No jugar con fuego
Proverbios 6:27-28. Estos dos versículos son sumamente aclaradores: "¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan, andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen?". Las respuestas son obvias, están incluidas en la pregunta. La respuesta es ¡no!. Si tú tomas fuego aquí, sobre tu pecho, te vas a quemar. Si tú caminas sobre brasas, también te vas a quemar. Entonces, el punto es este: si tú coqueteas con el sexo, no te quejes después que te dio un zarpazo; si tú caminas sobre brasas, no te quejes después de que te quemaste los pies. Fíjate, es imposible escapar si tú consientes en ir allí en vez de huir.
Un ejemplo de cómo escapar
Veamos ahora a Génesis 39. Este pasaje es de una enseñanza preciosa. Es la historia de José y de una mujer casada. José es un siervo de Dios, joven y atractivo. El es esclavo de una persona importante en Egipto, su amo lo admira, le tiene mucho aprecio, y le tiene tanta confianza que le pone como administrador de su casa, a cargo de criados, de esclavos y de todos sus bienes. Y sucede que la esposa de este hombre se enamora de José, con ese amor pasional, con ese amor que surge con el ímpetu de una llama.
Dice en los versos 7 al 9: "Aconteció después de esto que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo (seguramente buscó el momento apropiado, estaban los dos solos en al casa, el amo afuera atendiendo sus asuntos, los criados alejados astutamente por la mujer: todo estaba ordenado). Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?.
Hablando ella a José cada día y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella (para tener una relación sexual con ella), aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio y no había nadie de los de casa allí. Y ella lo asió por su ropa (lo cogió con violencia), diciendo: Duerme conmigo. (No solamente las palabras; ahora había acción allí). Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió. Cuando vio ella que le había dejado su ropa en sus manos, y había huido fuera, llamó a los de casa, y les habló diciendo: Mirad, nos ha traído un hebreo para que hiciese burla de nosotros. Vino él a mí para dormir conmigo, y yo di grandes voces; y viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y huyó y salió".
Y después, cuando llegó su marido, le contó la misma historia: "Aquí está la ropa, él huyó. Me quiso violar". José fue encarcelado por eso, injustamente, y nosotros sabemos que después, estando él en la cárcel, Dios vio la justicia, la santidad y la pureza de José, y lo honró en la cárcel, lo sacó de allí, y lo hizo gobernador de Egipto.
La clave de la victoria
¿Cuál fue la clave de cómo y de por qué José escapó de esta tentación tan grande? La clave está al final del versículo 9, donde José concluye sus palabras a la mujer: "¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?".
Mira esto: José no temía pecar contra su amo, tanto como pecar contra Dios. En ese momento no estaba el amo allí, por lo tanto, podía haber realizado el acto sexual sin que nadie se diera cuenta; pero ¿acaso Dios no sabía y lo veía todo? La salvación de José, la clave de su victoria fue que él tenía temor de Dios. Mira, amado joven, si tú no tienes temor de Dios, en vez de huir, vas a quedarte allí. En el fondo, en lo que a nosotros respecta, es el temor de Dios el que nos libra, porque nosotros queremos agradar a Dios. Pero hay algo más.
El Señor libra a los piadosos
Vamos a ver 2ª de Pedro 2:9. Este versículo tiene una frase tan preciosa que para ti va a ser de un tremendo aliento y de una tremenda fortaleza. Nos vamos a apropiar de este versículo y lo vamos a creer para escapar de toda tentación, de toda fornicación.
Dice el versículo 9: "Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos". Mira, aquí hay un hecho de Dios: El Señor libra de tentación a los piadosos. Pero esto es también una promesa para ti y para mí. Sin embargo, estas palabras también implican –aunque no lo dice– que el Señor no libra de tentación a los que no son piadosos. ¿Por qué cayó el cristiano tal o la cristiana tal en fornicación o en adulterio? Porque su corazón no era piadoso; porque si lo hubiese sido, podemos tener la absoluta seguridad de que Dios le hubiera librado.
¿Cómo lo hace el Señor? Veamos un ejemplo. Tú estás en una situación en la que adviertes que comienza a presentarse el ambiente adecuado para llegar a una relación ilícita. Tú comienzas a ceder; pero en tu corazón tú amas al Señor y has tenido una oración permanente delante de Él. Entonces, de pronto, cuando el peligro se hace mayor, algo ocurre: una interrupción inesperada, un hecho aparentemente fortuito que da al traste con el clima de la seducción. ¡El Señor te ha librado! Entonces, tú puedes escapar, ¡no has perdido nada! ¡Dios se interpuso! Hermano, si tú amas al Señor, si lo amas de verdad, el Señor te va a librar.
Fuente : Ministerio vida Nueva
9 jul 2009
LA CONDICIÓN DEL HOMBRE ANTE UN DIOS SANTO, Y SU RESPUESTA
La gran tragedia del ser humano sin Dios, es la de no conocer su situación real ante Dios.
Por lo general, el hombre sin Dios vive en la vida según su creencia: o bien creyendo que esta vida es todo lo que hay, y que después no hay nada; o bien creyendo los postulados de su religión particular.

Si nos damos cuenta, el hombre no deja de “creer”; eso es innato en él, puesto que es un ser espiritual. Por tanto, le sería muy beneficioso prestar atención y tomar en cuenta lo que el verdadero Dios ha dicho a través de Su libro, la Biblia.
La Biblia, el libro de Dios, en definitiva dice dos cosas que deberían ser del conocimiento de todos los hombres:
El hombre - en sí - está eternamente condenado (Jn. 3: 19; Ro. 3: 23)
El hombre requiere de la salvación que sólo Dios puede proveer para salir de esa condenación (Jn. 3: 16; Ro. 3: 24)
El hombre natural, es decir, el hombre sin Cristo (1 Corintios 2: 14) está condenado, porque está separado de Dios por causa de su pecado.
El hombre sin Cristo está separado de Dios por el pecado, y su final eterno es el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Ap. 21: 8)
Pecado es vivir conforme a la voluntad de uno, sin considerar la voluntad de Dios.
Aunque ese hombre haya vivido una vida sin excesos, comportándose aceptablemente a los ojos de la sociedad en la que está; respetando las leyes naturales y civiles, y buscando su felicidad sin perjuicio de terceros, e incluso haciendo felices a otros en el contexto de un sano altruismo - todo lo cual en su conjunto sería testimonio más que aceptable según el baremo de este mundo civilizado – aún y así estaría eternamente condenado, y llegado el momento de expirar, iría al infierno sin remisión.
Aunque ese hombre haya vivido tal y como lo expuesto justo arriba, añadiendo a ello el haber sido fiel cumplidor de los mandamientos de una religión determinada, buscando a su manera y albedrío el agradar a su Dios; sacrificándose por los suyos, y aún por otros desconocidos – aún y con todo - estaría eternamente condenado, y llegado el momento de expirar, iría al infierno sin remisión.
Todavía podemos dar un tercer caso, el de un hombre creyente nominal que siempre ha ido a la iglesia cristiana, que periódicamente lee la Biblia y ora, que jamás dice palabras malsonantes, es servicial, está involucrado en diversas actividades evangelísticas, dando un testimonio cristiano más que aceptable, etc. etc. pero que jamás nació de nuevo verdaderamente (Jn. 3: 3); por lo tanto, ese hombre o mujer, estaría eternamente condenado, y llegado el momento de expirar, iría al infierno sin remisión.
Espero que este estudio nos ayude a comprender mejor, no sólo la realidad del hombre ante Dios, sino la respuesta de Dios al hombre; la única respuesta ante la siguiente gran pregunta:
“Si a pesar de todos mis esfuerzos, estoy condenado a pasar toda la eternidad en el infierno, ¿Cómo poder escapar de esa realidad, si es que hay manera?”
Esta pregunta, todo ser humano se la tendría que hacer, así como buscar la respuesta.

“La Biblia nos enseña cual es la voluntad de Dios”
1. Preludio:
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender…” (1 Corintios 2: 14)
El hombre natural, es decir, el hombre sin Dios, no puede por él mismo entender y percatarse de las cosas de Dios. Vive conforme a la faceta natural, pero está muerto en cuanto a la percepción espiritual de Dios, y todo ello a causa de esa separación producida por el pecado.
El pecado causó separación del hombre respecto a Dios. El aceptar que lo que al hombre le separa de Dios es el pecado, es clave para proseguir en el entendimiento de toda esta cuestión.
¿Por qué el hombre natural está condenado, y desde cuando esto es así? Remontémonos al principio.
Cuando al sexto día Dios terminó Su creación (Génesis 2: 1), vio y consideró que todo lo que había hecho era bueno en gran manera (Génesis 1: 31). No había pecado, sino inocencia.
La muerte no existía. De hecho, no había enfermedades, ni catástrofes naturales, ni ningún tipo de deficiencia. El clima era ideal, y todo rebosaba vida y bien sobre la tierra.
“En el principio todo fue creado perfecto”
El hombre, fue creado por Dios a Su imagen y conforme a Su semejanza (Gn. 1: 26), para mantener una relación de amistad y amor con su Creador, y regir sobre lo que El había creado (Gen. 1: 28-30).
La responsabilidad de todo lo creado sobre la tierra estaba en las manos del hombre recién creado. Y así fue por pocos años (Gen. 1 y 2). Hasta que usando de su libre albedrío, tanto Eva como Adán prefirieron romper su relación con Dios al decidir creer las promesas mentirosas del diablo:
“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que el Señor había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3: 1-4).
La decisión del hombre de creer al diablo antes que a Dios fue tomada en perfecto uso de su libertad, de su voluntad y conocimiento, por lo tanto había responsabilidad y consecuencias.
Esa decisión motivó la ruptura eterna de relación entre la criatura y su Creador. Por todo ello, la desobediencia de la mujer y luego la del hombre (Génesis 3: 6), desencadenó maldición. Esa maldición vino sobre toda la tierra hasta hoy…
“...maldita será la tierra por tu causa (la de Adán), con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra...” (Génesis 3: 17-19).
Al estar el hombre separado de Dios, la muerte entró en el mundo. No sólo la muerte del mismo hombre (Génesis 2: 17), sino la muerte de todo lo creado sobre la tierra.
Esta caída en cuanto al hombre, hay que entenderla en toda su medida; significa: condenación eterna.
“El infierno es un lugar real y eterno adonde van todos los que se pierden”
El hombre se condenó a sí mismo al romper unilateralmente su vínculo con Dios su Creador, por pecar contra Él con conocimiento de causa.
Esta es la consecuencia del mal uso de la libertad y de la voluntad que le fueron otorgadas. Dice la Biblia:
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5: 12)
“...la muerte entró por un hombre (Adán)...porque así como en Adán todos mueren...” (1 Corintios 15: 21, 22).
En su contexto general, el resultado de la desobediencia de Adán ha quedado más que patente a través de toda la historia de la humanidad: más pecado y maldad con sus consecuencias a priori y a posteriori: violencia, muerte, enfermedades, hambruna, desgracias, y un largo etcétera que todos conocemos tan bien.
A ese mal, habría que añadirle otro. A causa de la insaciable soberbia del ser humano alejado de Dios, el hombre busca el endiosarse. Aprovechándose de la vida que Dios le concede sobre esta tierra, el hombre sea abierta o calladamente, prescinde de Dios y se levanta en su espuria autosuficiencia con sumo descaro.
Pero el hombre no fue creado para ser un dios, y esto es lo que muchos irresponsables no entienden aún. El pretender ser dios de su vida, le lleva a una inexorable perdición, porque haciendo así, se cierra a sí mismo toda puerta a la humildad y humillación ante Dios, el Único que le puede salvar.
El hombre fue creado para vivir en dependencia de su Creador.
El hombre no puede tener vida en sí mismo. Sencillamente, no es así. El pretender esto, es dar la espalda a Dios el cual en Cristo sí es la vida (Jn. 14: 6; 1 Jn. 5: 12); y perderse para siempre.
El pecado de Adán trajo otra consecuencia añadida: el hombre ya no pudo, ni puede, hacer nada por sí mismo para restaurar lo que él mismo rompió, y sigue rompiendo cada día.
“El hombre actual, por lo general, se cree auto suficiente respecto de Dios, por eso vive en un terrible y mortal engaño”
2. El hombre es básicamente malo:
Todos los hombres fueron alejándose paulatinamente más y más de Dios, como consecuencia de su corazón no regenerado.
El hombre no es básicamente bueno, sino básicamente malo. El mismo Dios declaró: “...el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud...” (Génesis 8: 21). Esto quiere decir que desde que el ser humano tiene uso de razón, peca y es un pecador. Esta es la realidad. A pesar de lo que dicen ciertos incautos, la Biblia asegura:
“Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” (Eclesiastés 7: 20). Prosigue diciendo: “No hay justo, ni aun uno...por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3: 10, 23).
Por contrapartida, toda religión sin Cristo, básicamente enseña que haciendo obras buenas más que malas, uno irá poco a poco regenerándose o salvándose, o como se le quiera decir, porque la balanza se inclinará más hacia el lado bueno. Esto no es más que una simpleza y error.
Imagínese que tiene en su mano una jarra de cristal llena de agua sucia, ¿Qué haría usted para que, en vez de tener esa agua sucia, pudiera contener agua limpia y cristalina que pudiera calmar su sed? ¿Añadiría agua limpia a la sucia? Estoy seguro que no haría eso. Añadir agua limpia al agua sucia, ¡sería de ignorantes! En todo caso, lo que haría sería vaciar la jarra, limpiarla, y entonces ya estaría preparada para ser rellenada de agua limpia.
Por años hemos intentando añadir agua limpia, que simbolizaría nuestros pobres esfuerzos por hacer lo correcto, al agua sucia. ¡Al final no teníamos más que... más agua, y agua siempre sucia!
La Biblia, dice que las buenas obras sin un corazón regenerado, son ese intento de obtener agua limpia que calme la sed. Jamás ocurrirá.
La Biblia es muy clara ante ese intento de ser buena gente ante Dios, sin Dios, porque define nuestras justicias, ¡fíjense! como “trapos de inmundicia”:
“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Isaías 64:6).
Por eso, Salomón, inspirado por el Espíritu Santo llega a preguntarse: “¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?” (Proverbios 20: 9).
Y la respuesta a esta pregunta que se planteó el rey Salomón, es: nadie
Pero a pesar de la observación divina, muchos se creen justos en sí mismos, no obstante la Biblia, con nitidez, advierte: “Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión, pero Jehová pesa los espíritus” (Proverbios 16: 2).
¡El hombre no es un buen juez de sí mismo!
O bien para acallar su conciencia, o bien para sentirse mejor con sí mismos, los hombres intentan aplacar su conciencia a base de buenas obras, pero esas obras no son garantía de nada porque el problema del pecado del hombre estriba en su corazón.
El corazón es la clave. Hay que ir a la base del problema, y no perderse en las ramas.
Dice la Biblia: “Engañoso es el corazón, más que todas las cosas” (Jeremías 17: 9).
El dictado del corazón no regenerado es engañoso.
“El hombre tiene un problema de corazón”
El corazón no regenerado es el resultado de la rebelión del hombre natural, del hombre sin Cristo. Ese corazón se levanta como enemigo de Dios.
Sólo Dios puede cambiar ese corazón y darnos el que Él tiene. Así oraba David cuando pecó contra Dios: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu nuevo dentro de mí” (Salmo 51: 10).
Es preciso que el corazón del hombre sea regenerado, porque el hombre tiene un verdadero problema de dureza de corazón.
Dijo Jesús: “Oí, y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre...lo que sale de la boca, del corazón sale...Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias...” (Mateo 15: 11, 18, 19).
El pecado es consecuencia directa de un corazón no regenerado, y ese pecado genera la muerte espiritual: “Porque la paga del pecado es muerte...” (Romanos 6: 23).
A su vez, ese pecado origina la separación definitiva de Dios.
Cuando el hombre muere en ese estado, su destino final y eterno es el infierno.
El infierno es un lugar real de eterno tormento que Dios preparó para Satanás y sus demonios. También es el destino de todos los que mueren sin Cristo.
“...los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre...” (Apocalipsis 21: 8).
¿Quién condena realmente, el juez, o el que se condena por su acción?
Por otra parte, la dureza del corazón del hombre sin Cristo atrae la justa ira de Dios:
“Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para tí mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2: 5)
Algunas personas quieren evitar este punto diciendo que el amor de Dios cancela la ira. ¡El problema es que malentienden el amor de Dios!
Si prestamos cuidadosa atención a lo que dice este versículo que hemos leído, lo que vemos es que es el mismo pecador el que acumula o atesora ira para sí mismo. ¡El mismo hombre sin Cristo se autocondena!
Si un hombre comete un asesinato, ¿acusamos al juez por emitir un veredicto de condena? ¡No! Fue el asesino el responsable de su destino.
El asesino se condenó a sí mismo cuando cometió el asesinato; el juez sólo aplicó el código de justicia. El Señor Jesús lo definió de manera clarísima, cuando dijo:
“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3: 19, 20)
“… el que no cree, ya ha sido condenado…” (Juan 3: 18)
Es el amor por el mal (y a veces éste disfrazado de bondad y de altruismo), el que hace que las gentes se condenen a sí mismas. Por eso la Biblia dice que todos los que se aferran a su pecado, y aún lo justifican (porque en realidad lo aman), condenándose a sí mismos, son cegados definitivamente por el dios de este siglo, que es Satanás. (2 Co. 4: 3, 4)
Véase que creer no significa solamente aceptar tácitamente la verdad en la mente, sino ponerse verdaderamente de acuerdo con Dios.
3. La Respuesta de Dios:
Si Dios, el Creador hubiera sido un Dios meramente justo, nadie tendría la más mínima posibilidad de salvarse. Por justicia, todos merecíamos esa condenación.
¡Si no hubiera Dios hecho algo, el hombre estaría irremisiblemente perdido para siempre!, pero Dios ideó un plan para salvar a los hombres desde antes de la fundación del mundo. La iniciativa siempre es de Dios.
El motivo de hacer así: sencillamente por amor.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3: 16, 17)
Así pues, ante aquella pregunta que todo hombre sobre la tierra debería hacerse – recordemos:
“Si a pesar de todos mis esfuerzos, estoy condenado a pasar toda la eternidad en el infierno, ¿Cómo poder escapar de esa realidad, si es que hay manera?”
La respuesta de Dios es Jesucristo. Sólo Jesucristo es la puerta de escape de esa condenación segura. Él mismo lo dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10: 9)
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14: 6)
Jesucristo, “y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hchs. 4: 12) 
“El corazón del hombre sin Cristo está cargadito de pecados”

“El antídoto del pecado es la cruz, aplicada al corazón del hombre. Sin la cruz, no hay salvación”
A. ¿Cómo recibir la salvación a través de Cristo?:
Todas las religiones humanas, básicamente enseñan que el hombre es el que debe alcanzar, sea a Dios, o el Nirvana, o el Paraíso, etc. es decir, que el hombre tiene que hacer el imposible intento de salvarse a sí mismo, pero la gran noticia es esta:
“No, que nosotros podamos alcanzar a Dios; sino que Dios nos alcanza a nosotros por medio de Jesucristo: Dios llega al hombre porque el hombre no puede llegar a Dios. Por eso, Jesucristo hombre es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim. 2: 5, 6)”.
Jesucristo bajó del cielo, dejando su gloria atrás, y vino a la tierra en el cumplimiento del tiempo, cuando el Padre le envió, naciendo de mujer (Gl. 4: 4).
Él se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Fil. 2: 7, 8).
Todo pecador, por la ley, debía morir a causa de sus propios pecados; por lo tanto ningún pecador podía morir por otro pecador; sólo Cristo, por no tener pecado, podía morir por todos nosotros, pecadores.
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el Justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3: 18).
No todos le recibieron, pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio, y les da potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12), porque Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados (2 Corintios 5: 19)
Por eso el mandato divino es este: ¡Reconcíliese con Dios! Ya que al que no conoció pecado – es decir, Cristo - por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Co. 5: 20, 21). Es decir, el pagó el precio de nuestro pecado y consiguiente condenación, en la cruz.
Pero como la muerte no le pudo retener, Él resucitó de los muertos por la gloria del Padre, para que así también nosotros andemos en vida nueva (Hchs. 2: 24; Ro. 6: 4)
Por ello la respuesta de Dios la podemos resumir con la siguiente declaración escritural:
“El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna…” (1 Juan 5: 12, 13)
Lo que separa al hombre pecador de Dios es su pecado que le arrastra irremisiblemente a la muerte eterna. Pero Cristo entregó su propia vida, su propia sangre como suficiente pago para librarnos de esa condenación. El es nuestro único sustituto.
Cristo cumplió toda la demanda de justicia de la Ley de Dios en la cruz del Calvario. Recibiéndole, recibimos Su justicia, Su perdón y Su paz (Ro. 5: 1)
Muchos creen eso de forma teórica, pero jamás han dado el verdadero paso de arrepentirse de sus pecados. Entonces ese sacrificio de Cristo no puede actuar a favor de ese pecador impenitente.
Cuando la Biblia dice que por gracia somos salvos, por medio de la fe (Ef. 2: 8), eso significa que debemos obedecer al precepto bíblico y al Espíritu Santo, que nos lleva a dolernos por nuestra vida pecaminosa, y a renunciar a vivir así, apartándonos de ese mal, para vivir conforme a Dios. Esto significa arrepentirse.
Así que recibir a Cristo, no es sólo un mero trámite mental o religioso, sino un verdadero trámite espiritual y de fe auténtica. La obra de esa fe (Sgo. 2: 17) es el quebrantarnos delante de Dios, asumiendo en Su temor toda nuestra responsabilidad ante Él, y esperando solamente en Su misericordia, creyendo que lo que Él ha dicho es verdad: que hay perdón, restauración y vida eterna en Cristo Jesús, y por esa fe, recibir esa salvación (Ef. 2: 8, 9), creyendo.
“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:28).
Si usted, querido lector, todavía no se ha reconciliado con Dios, el siguiente, es un modelo de oración que le puede ser útil, si lo hace con fe y verdad ante Dios:
“Señor Dios, me dirijo a ti una vez y por todas, para reconocer que he sido un pecador toda mi vida desde que me acuerdo, y realmente sólo he vivido a mi modo, egoístamente.
Sin ocultar nada, quiero decirte que hoy me arrepiento de todos y cada uno de mis pecados, y renuncio a todos ellos. Renuncio a vivir mi vida según yo mismo, para vivir mi vida conforme a Ti.
Por ello pongo mi vida ante ti para que tú dispongas de ella. ¡Me rindo ante ti!
Te pido perdón por toda ofensa, y te entrego todo lo que soy, esperando en tu misericordia.
Declaro que creo en Jesucristo Tu Hijo, y conforme a tu Palabra, le recibo en mi vida como mi Salvador personal y mi Señor; y con Él, el Espíritu Santo y el don de la vida eterna. Gracias por tu amor y tu salvación; te amo, Padre. En el nombre de Jesús. Amén”.
Viva conforme a esa declaración de fe, e inmediatamente busque una iglesia evangélica, donde le puedan ayudar, enseñándole la Palabra de Dios, y ore a Dios y lea la Biblia todos los días. Gracias por atender.
Dios use este texto para Su gloria.
© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
http://www.centrorey.org/
27 may 2009
LA OBEDIENCIA

Haya pues, en vosotros este sentir que hubo también en CRISTO JESÚS, el cual siendo en forma de DIOS, no estimó el ser igual a DIOS como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta muerte, y muerte de cruz. (Filipenses 2:5-9).

Primero definamos lo que significa obediencia es un término que proviene del latín (obedire = obedecer), según el diccionario obedecer significa: cumplir la voluntad de quien manda. Cumplir esta voluntad implica reconocer autoridad, es sabido por todos que la primera autoridad en nuestras vidas la tiene DIOS y al le debemos nuestra obediencia, leemos en Hechos 5:29 Respondiendo Pedro y los apóstoles dijeron; “Es necesario obedecer a DIOS antes que a los hombres” , nótese que dice es necesario esto significa que no es una alternativa o una elección sino una necesidad, para nosotros sus hijos que le amamos , que reconocemos su sacrificio y que esperamos su pronta venida ;por esto obedecer a nuestro PADRE tiene que partir de una decisión personal donde pongamos en práctica el amor y del deseo de agradarle.
Obedecer también significa morir a uno mismo y dejar nuestra soberbia, orgullo altivez para reconocer otras autoridades que él pone a nuestra vida como nuestros padres, pastores, y jefes. Leemos en (Romanos 13:1 - 2) Sométanse a toda persona a las autoridades superiores, porque no hay autoridad sino por parte de DIOS, y las que hay, por DIOS han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por DIOS se resiste y los que se resisten acarrean condenación para sí mismos.
Animo a que cada día deseemos obedecer a nuestro DIOS para que tengamos una vida llena a de su bendición.
18 abr 2009
¿ QUÉ SON LAS ETS Ó ENFERMEDADES DE TRANSMISIÓN SEXUAL?

Una de las ETS más conocida es el SIDA significa (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) que recibió oficialmente este nombre en 1982, Antes fue conocido como la (peste rosa) por las manchas de color rosácea que aparecían en el cuerpo del infectado. Cabe destacar que no existe un tratamiento para erradicar esta enfermedad pero sí para retrasar la evolución y dar una mayor calidad de vida al enfermo; este virus ataca el sistema inmune y deja el organismo expuesto a distintos tipos de enfermedades y canceres especialmente mortales. Se transmite por el contacto sexual, por la leche materna por transfusiones de sangre y por compartir agujas.
En Romanos (1:26-32) leemos: “Por esto DIOS los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres , dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a DIOS los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no conviene; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas engaños y malignidades; murmuradores, detractores aborrecedores de DIOS, injuriosos soberbios, altivos, inventores de maldades, desleales sin afecto natural, implacables , sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de DIOS que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen sino que también se complacen con los que las practican.
Esta palabra viene a confirmar lo que muchos pensamos sobre estas enfermedades que son un JUICIO DE DIOS porque ÉL es el ÚNICO creador de todo cuanto existe y eso incluye a la humanidad por supuesto.
Pero el hombre sigue siendo terco y prefiere seguir creyendo que puede vivir sin su creador, sin la persona que más le ama y le amará por la eternidad. Desaprovecha su inteligencia creyendo que tiene una solución a todos sus problemas y cuando se da cuenta que no hay tal, como es el caso de esta enfermedad le culpan hasta afirmar que DIOS es injusto por permitir estas cosas .

Me pregunto ¿Dónde queda la consecuencia de nuestros actos?
Ciertamente si venimos al PADRE el nos perdonará y nos limpiará con su preciosa sangre pero no es menos cierto que la consecuencia de nuestros actos debemos asumirla y que la aparición de estas enfermedades forma parte de estas consecuencias. Por eso animo a sobretodo a los jóvenes de las iglesias a mantenerse puros para DIOS a vivir realmente para Él, a entender que debemos servirle cada día y que la vida cristiana no es otra cosa que practicar lo que dice su palabra.
31 mar 2009
EL ABORTO Y LOS ABORTISTAS
Se que este ensayo ya fue publicado en su día, pero dada la actualidad de la cuestión abortista en general, y en concreto en España, no tengo por menos – una vez más – que airear mi voz, que entre otras muchas, denuncian esta barbaridad legalizada en este siglo, en el que nos ha tocado vivir.
Así que, allá vamos.

1. El hombre es religioso por naturaleza
En estos días, en esta sociedad occidental, donde prima el materialismo y el hedonismo como forma de vivir – o más bien, forma de morir viviendo – muchos se jactan de no seguir ninguna religión o creencia, pero se equivocan.
El hombre es un ser espiritual, y su tendencia natural es la de seguir una creencia, es decir, una forma u otra de entender la existencia, de la cual, como ser pensante, él es consciente.
Muchos piensan que no tienen religión alguna, y no obstante, todo ser humano - lo piense o no, lo acepte o no - sigue como poco los parámetros de una creencia, aun subjetiva e interesada, ajustada y hecha a la medida.
Básicamente los hombres partimos de dos posicionamientos diametralmente opuestos a la hora de hablar de creencia. Una es la creencia en Dios, el Creador; otra es la creencia en el llamado evolucionismo. Una implica un Ser existente y Creador y Dador de la vida; la otra implica un llegar a ser las cosas por el resultado del azar o la casualidad. Una implica un proceso inteligente, pensante y de ingeniería milimétrica; la otra implica... ¡nada! Una implica responsabilidad ante ese Ser; la otra implica... ¡nada! Una apunta hacia el Todo, la otra apunta hacia... ¡nada!
Cuando uno llega a creer que no hay Dios, o de que Dios nunca nada tendrá que ver con él, entonces acalla su conciencia, y llega a sentir el engañoso alivio de no tener que rendir cuentas a nadie por encima de él por lo que hace en la vida o por como la vive. El llega a ser dios de sí mismo, y procede según quiere y entiende, y no nos engañemos, esta es la filosofía de esta generación. Es la filosofía de muerte eterna a la que muchos, muchos se han abocado de cabeza.
2. El bien y el mal
Fíjense bien. El bien y el mal son conceptos morales que necesariamente deben partir de Dios, es decir, de un Ser Superior que trasciende a lo que vemos con nuestros ojos de carne, y que es Dueño y Razón de todo lo que existe. Pero si absurdamente se niega la existencia de ese Ser, no sólo se niega la Razón de la misma existencia, sino que también se niega la realidad del bien y del mal que sólo ese Dios, como Legislador Moral, puede dictar, y ha dictado.
Algunos dirán aquí - “bueno, los hombres tenemos inteligencia como para delimitar el bien y el mal aunque sea de forma parcial o subjetiva” – sí, pero eso no soluciona el meollo de la cuestión, ya que el hombre es una criatura con un principio y seguramente un final (en eso todos están de acuerdo), y si tiene ciertas de esas atribuciones morales, es porque necesariamente las ha tenido que recibir. Si las ha recibido, es que existe un Dador que se las ha concedido.
Por lo tanto, el segundo posicionamiento de creencia, esto es, el evolucionismo, conlleva en sí una patente amoralidad, que fluye tantas veces hacia la inmoralidad, ya que en la práctica no sólo cuestiona, sino que ataca, acosa y pervierte la definición moral expresada de Dios, el Legislador y Juez.
Es por eso que tal posicionamiento de creencia necesariamente producirá un efecto derivado de su causa. En este artículo estaremos viendo, lo que denominaremos: “Un fruto del evolucionismo”.
3. Fruto del evolucionismo sin ecuanum; la maldad del aborto
Hoy en día el mundo reclama sus derechos. Todos reclaman sus derechos...todos excepto aquellos que no pudieron, ni pueden llegar a nacer porque fueron, y son abortados, y el derecho principal al que no pudieron reclamar, fue precisamente el de vivir.
Millones de personas son asesinadas en todo el mundo, y no me estoy refiriendo a la mafia, la camorra, al narcotráfico, a los gobiernos despóticos o a las guerras injustas. Millones de personas en todo el mundo están siendo asesinadas en el vientre de sus madres – y enfatizamos, personas - sencillamente porque aquéllas no los quieren, sus cómplices las animan a proceder según esa sumamente egoísta acción, y esos médicos que ya han olvidado su código deontológico que les obliga a preservar la vida, las ejecutan... y por supuesto están esos legisladores, y esos políticos que se lavan las manos, porque son “demócratas”.
De hecho, estamos hablando de ASESINATOS EN MASA.
Estamos hablando de llevar a la pena de muerte a los que merecen la vida, porque son tan humanos como usted o yo, pero que por su condición, no tienen como defenderse o protegerse.
Estamos hablando del peor acto de cobardía que un ser humano puede cometer y comete: quitarle la vida a un desvalido e indefenso niño, y así una vez tras otra.
Estamos hablando de la mayor de las hipocresías, en la cual los hombres muy dignos y sabios, esto sólo en su propia opinión, están absolutamente inmersos.
Si en la antigüedad, en algunos lugares como Fenicia o Cartago, periódicamente algunos niños eran quemados vivos, sacrificados a las deidades paganas de turno, hoy en día multiplicado por la enésima potencia, el mismo ritual continúa en todas partes del globo, pero esta vez, antes de que la criatura nazca, siendo cobardemente asesinada cuando no puede defenderse. Esto ocurre en el seno de esta civilización que se autonombra civilizada, culta, democrática y progresista.
Sólo en España se produce un aborto cada 6,6 minutos, el mismo tiempo que se tarda en tomar un café o en fumar un cigarrillo. Hoy día, uno de cada seis embarazos se interrumpe de manera voluntaria, lo que ha convertido al aborto en una causa de mortalidad ¡mayor que los accidentes de tráfico, los homicidios y los suicidios! (1)
“Sin palabras” En el año 2006, sólo en España se superaron los 100.000 abortos, y desde que se legalizó éste en el año 1985, se ha superado el millón cien mil abortos (1.121.000 abortos).

“Sacrificando sus hijos a Moloc. Los sacrificios preferidos a Moloc eran especialmente los bebés. Durante el sacrificio, los sacerdotes del templo hacían sonar tambores, trompetas y címbalos, de manera que no oían los llantos de los niños. Hoy en día los que asesinan a los nonatos, ni siquiera oyen sus conciencias.
Es paradójico que por un lado la sociedad se preocupa tanto por la precariedad de nacimientos de las ballenas y otros animales, y por el otro condena al ser humano a no nacer, sino a ser reventado en el seno materno y succionado después.
Escribe David Wilkerson:
“Estamos sumergidos en un océano de sangre al continuar permitiendo el asesinato de millones de niños nonatos. Los doctores quitan mediante succión los cerebros de los bebés completamente desarrollados que se encuentran en el tercer trimestre de gestación, y las enfermeras que desvergonzadamente prestan su ayuda en los abortos, marchan protestando en contra del asesinato de las ballenas, de los visones y de los conejos; ¡Qué hipocresía tan descarada!” (2)
Es cruelmente paradójico también que mientras en una sala de la clínica u hospital se está intentando salvar a un feto de cinco meses, en la otra se está arrancando del vientre de otra madre a otro feto del mismo tiempo, sencillamente porque el primero es querido por la madre, mientras que el segundo no lo es.
Aplicando su subjetiva y esperpéntica noción de lo que está bien y de lo que está mal, muchas personas, muchas de ellas completamente ateas o simplemente agnósticas, pero paradójicamente actuando como si fueran Dios, determinan quien nace y quien no nace; ¿qué tal si se hubiera hecho lo mismo con ellas? Pero, claro, eso no cabe en sus mezquinas mentes.
Ante tal horror incalificable, inconfesable e indigerible, nos hacemos la pregunta ¿en qué podrían pretendidamente llegar a basarse los abortistas, legisladores, políticos, y hasta científicos para justificar tamaña abominación y pecado?

Estos restos humanos son de una persona nonata en el mes quinto de su gestación
La embriología evolucionista
Analizando el asunto, nos damos cuenta que parte de un posicionamiento absolutamente evolucionista, y por tanto ateo y contrario a la existencia y voluntad de Dios, el Creador.
Los libros de texto tratan como evidencia respecto a la evolución la llamada embriología. Enseñan que se puede observar la evolución de diferentes animales conforme se van desarrollando en el interior de la madre, y en este sentido, todavía se enseña que el feto humano tiene hendiduras branquiales, aun y cuando desde una tan tardía fecha como la de 1908, se demostró que no era cierto; no obstante sigue enseñándose en los libros de texto hoy en día.
La razón por la cual se sigue enseñando que las tiene, es para demostrar que el feto humano no es humano todavía, sino que está en una fase de pez o de anfibio. Pero la realidad cruda y dura (para esos asesinos y sus cómplices), es que el feto humano ¡no tiene hendiduras branquiales!
Eso que enseñan como hendiduras branquiales, no son sino pliegues de la piel. Esos pliegues llegarán a constituir con el tiempo los diferentes músculos del cuello. Nada tienen que ver con el aparato respiratorio.
Las razones que se dan para proceder adelante con el aborto están basadas en el error científico - además de moral - de que el feto en sus primeros momentos no es humano. Eso es falsa ciencia.

“Embrión humano de unos dos meses; nótese que tan formado está ya”
Con esa absurda y deliberada enseñanza, se pretende justificar el aborto, llegando a hacer creer que esa criatura que está en el vientre de la madre no es todavía humana, sino sólo animal. Si la criatura que está en el seno de la madre humana, no es humana todavía sino que es un animal, entonces no es grave el desembarazarse de ella si se quiere. Todo el proceso no es más que una falacia que desemboca en la muerte por asesinato de seres humanos... ¿cómo Dios no va juzgar todas estas cosas, y cómo escaparán?El embrión humano, ¡es humano!
La realidad en todos los sentidos, es que el ser humano lo es a partir de su concepción, cuando al introducirse el espermatozoide en el óvulo se constituye el embrión. Ese embrión es un ser humano, y destruirlo per se, es una abominación y un crimen. El aborto (o interrupción voluntaria del embarazo como eufemísticamente le llaman) es un asesinato en primer grado.
Los cristianos, tenemos la instrucción escrita de Dios, la cual llamamos la Biblia, y en ella encontramos clarísimamente que la vida humana empieza en el embrión:
“No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena; Despierto, y aún estoy contigo.” (Salmo 139: 15-18) (énfasis nuestro)
Es incisivamente curioso que el salmista a renglón seguido exclame: “De cierto, oh Dios, harás morir al impío; apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios.” (v. 19). Ya la Palabra de Dios advertía de que se iban a levantar hombres y mujeres impíos y asesinos que iban matar a los hombres desde su mera concepción, como está ocurriendo en nuestros días, como nunca antes en la historia de la humanidad.
La misma Biblia dice que la ira de Dios, se revela desde el cielo contra toda la impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad, y esto es así, porque a priori, lo que se conoce de Dios es manifestado o entendido por las cosas hechas, que los ojos pueden ver y los oídos oír, por lo cual no tienen ninguna excusa (Ro. 1: 18-20). Al negar al Creador, deberán creer en la criatura. Eso se llama evolucionismo.
La práctica legalizada del aborto no es sino consecuencia directa de creer en el evolucionismo ateísta, el cual niega al Creador, y enseña que inicialmente el ser humano no es sino un simple animal. Se enseña el evolucionismo como verdad, por lo tanto, no hay nadie a quien dar cuentas fuera del Estado o de la sociedad en este caso…pero un día darán cuentas a Dios, al cual niegan; y ese día no lo duden, llegará.
El egoísmo de base de todos aquellos que practican el aborto, desembarazándose de los hijos que no desean, se acomoda muy bien en la injusta, terrible e inhumana ley que lo permite, justificando así sus acciones. Este es un fruto más de creer en la falsa religión llamada evolucionismo.

“¡La vida humana existe dentro del vientre de la madre desde el principio!”
“Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; no hay quien haga el bien.” (Salmo 14: 1)
Sólo los necios dicen que no hay Dios, o sencillamente le ignoran, ignorando algo tan simple y llano como el sentido de la vida; el amor a un nonato, el cual jamás verá la luz del sol, porque no se le ha permitido que la vea.
Cuando se da la espalda a Dios, uno se constituye dios, para su perdición absoluta y eterna.
La única manera de poder salir de esa condenación, es entregándose de veras al Señor, y ya es hora de hacerlo, y de todo corazón porque el tiempo es muy corto. Solo en Jesús hay salvación, porque Él es el único nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos (Hchs. 4: 12)
“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” (1 Juan 5: 10-12)
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Dios les bendiga,
© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey Jesucristo, Madrid, España.www.centrorey.orgMarzo 2009
Notas:
Elmundo.es/salud; 4 julio 2005
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2005/07/04/mujer/1120498832.html)
Pastor David Wilkerson; su libro “El Llamado Final”; pág. 12; Ed. Vida
FIN


