3 ene. 2009

LOS MALOS TRATOS

A Elena se le había hinchado tanto el dedo que no podía sacarse el anillo. No creía que estuviera roto porque todavía lo podía doblar. Ya había pasado una semana desde que su padre la agarró bruscamente de la mano y la empujó contra la pared, pero el dedo le seguía doliendo mucho. Estaba tan avergonzada que no se lo había contado a nadie. Elena odiaba el modo en que su padre la insultaba - y la acusaba de todo tipo de cosas que ella no había hecho - sobre todo cuando el había estado bebiendo. Le hacía sentirse fatal. Ella habría deseado que su padre dejara de comportarse así, pero no tenía muchas esperanzas de que las cosas fueran a cambiar.

¿Qué son los malos tratos?
Los malos tratos en el seno de la familia pueden adoptar muchas formas diferentes. Podemos distinguir entre malos tratos físicos, malos tratos psicológicos, que incluyen tanto los emocionales como los verbales y abusos sexuales. Asimismo, podemos encontrarnos con cualquier combinación de estas variantes. La desatención - cuando los padres no atienden las necesidades básicas de los menores que dependen de ellos - puede ser una forma de malos tratos.
La violencia familiar puede afectar a cualquier persona, independientemente de la religión, el color de la piel o la clase social. Se da tanto en las familias acomodadas como en las pobres y tanto en las monoparentales como en aquellas donde están presentes ambos progenitores. A veces el padre o la madre maltratan al otro cónyuge, lo que puede ser muy difícil de sobrellevar para los hijos que son testigos de los malos tratos. Algunos padres maltratan a sus hijos utilizando la crueldad física o verbal para disciplinarlos. Tanto las chicas como los chicos pueden ser objeto de malos tratos en forma de castigos corporales impuestos por sus padres -pero los chicos reciben más palizas que las chicas.
Tipos de malos tratos
Los malos tratos físicos suelen ser el tipo de malos tratos más fácil de detectar. Incluyen cualquier forma de golpear, sacudir, quemar, pellizcar, morder, ahogar, aplastar, arrojar, azotar, dar palizas, o cualquier otra acción que provoque lesiones corporales, deje marca o produzca dolor físico importante.
Los abusos sexuales incluyen cualquier tipo de contacto sexual entre un adulto y un menor o entre dos menores entre los que exista una diferencia de edades considerable. Cuando los abusos sexuales se dan en el seno de la familia inmediata, reciben el nombre de incesto.
Los malos tratos psicológicos pueden ser difíciles de detectar porque no dejan marcas corporales. Es obvio que las personas se gritan las unas a las otras, expresan enfado y se insultan, y expresar el enfado a veces puede ser saludable. Pero los malos tratos psicológicos suelen ocurrir cuando los gritos y la expresión del enfado van demasiado lejos o cuando un padre desprecia, amenaza o humilla constantemente a un hijo hasta que su autoestima y sus sentimientos de valía personal se ven negativamente afectados. Y, del mismo modo que los malos tratos físicos pueden dejar cicatrices corporales, los malos tratos psicológicos pueden dejar secuelas emocionales.
La desatención es probablemente el tipo de malos tratos más difícil de definir. Ocurre cuando un niño no tiene el alimento, la vivienda, las ropas, las atenciones médicas o la supervisión que necesita. La desatención emocional ocurre cuando un padre no proporciona a su hijo suficiente apoyo emocional o le presta poca atención a ninguna atención en absoluto de una forma deliberada y consistente. Pero no se puede considerar desatención cuando un padre no le da a su hijo algo qué éste quiere, como un nuevo ordenador o un teléfono móvil.
Por descontado, los malos tratos no sólo se dan dentro de la familia. El comportamiento típico de los "abusones" del colegio o del instituto es una forma de malos tratos que se da en seno de muchos grupos de escolares - aunque los malos tratos se dan entre personas de cualquier edad. Intimidar, amenazar, acosar o humillar a alguien se pueden considerar formas de malos tratos al mismo nivel que darle una paliza. Las personas que se comportan de este modo a menudo han sido víctimas de malos tratos. Esto también es cierto cuando los malos tratos se dan en el seno de la pareja. Pero el hecho de haber recibido malos tratos no es ninguna excusa para maltratar a nadie.
Los malos tratos también pueden adoptar la forma de delitos motivados por prejuicios, cuando se dirigen contra determinadas personas sólo por su raza, religión, capacidades, género u orientación sexual.
Reconocer los malos tratos :
Por extraño que pueda parecer, a la gente a veces le resulta difícil reconocer que está siendo víctima de malos tratos. Por ejemplo, Elena ha sido objeto de malos tratos, pero ella no lo ve así. Reconocer los malos tratos puede resultar particularmente difícil para aquellas personas que llevan muchos años conviviendo con ellos. Aceptan la situación como algo natural y creen que no se puede hacer nada al respecto. Las personas maltratadas pueden pensar equivocadamente que son ellas quienes provocan los malos tratos, por su mala conducta o por no estar a la altura de las expectativas de otra persona.

Una persona que se ha criado en una familia violenta o donde se infligen malos tratos puede no saber que los miembros de una familia pueden tratarse de otra forma. Una persona que sólo conoce este tipo de relaciones puede creer erróneamente que golpear, empujar, aplastar o insultar son formas perfectamente normales de tratar a los demás cuando uno está muy enfadado. Cuando un niño se acostumbra a presenciar malos tratos entre sus padres, puede acabar creyendo que la relación que mantienen sus padres es completamente normal. Es importante que la gente que crece en un entorno caracterizado por los malos tratos sepa que eso no es una forma normal, sana o aceptable de tratar a la gente.

¿Por qué ocurren?
No hay una única razón de los malos tratos, aunque hay algunos factores que parecen incrementar las probabilidades de que una persona se convierta en maltratadora. Por ejemplo, el hecho de crecer en una familia donde ha habido malos tratos puede enseñar a una persona que los malos tratos son una forma de vida. De todos modos, afortunadamente, mucha gente que se ha criado en familias donde ha habido malos tratos se da cuenta de que este comportamiento no es aceptable y son capaces de romper el círculo vicioso de los malos tratos.


Algunas personas maltratan a los demás porque no saben controlar adecuadamente sus sentimientos. Por ejemplo, las personas que no son capaces de controlar el enfado o aquellas que no saben afrontar las situaciones estresantes (como quedarse sin trabajo o tener problemas de pareja) pueden pagarlo con otras personas. Algunos trastornos de la personalidad y algunas enfermedades mentales también pueden interferir con la capacidad de una persona para relacionarse con los demás de una forma sana, o motivar que tenga problemas con la agresión y el autocontrol. Pero, por descontado, no todo el mundo que tiene un trastorno de la personalidad o una enfermedad mental tiene que convertirse necesariamente en un maltratador.
El abuso de sustancias, como el alcoholismo o el consumo de drogas, también pueden desempeñar un papel en los malos tratos, al interferir con el autocontrol.
Por descontado, el hecho de que una persona tenga un problema no tiene que implicar automáticamente que se convertirá en un maltratador. De todos modos, si tú eres una de las miles de personas que viven una situación de malos tratos, te puede ser de gran ayuda entender por qué algunas personas infligen malos tratos - y darte cuenta de que la violencia sólo es responsabilidad de la persona que la inflige, nunca la culpa de quien la recibe.
Aún en el caso de que alguien cercano a ti tenga problemas de comportamiento u otro tipo de problemas que le hagan más proclive a maltratar a otras personas, esto no implica que los malos tratos sean aceptables, normales o excusables. Los malos tratos siempre se pueden corregir, y todo el mundo puede aprender a ponerles freno.



¿Cuáles son los efectos de los malos tratos?
Cuando una persona es víctima de malos tratos, éstos pueden repercutir sobre todos y cada uno de los aspectos de su vida, y especialmente sobre su autoestima. La medida en que los malos tratos afectan a una persona depende de las circunstancias que rodean a los malos tratos, la frecuencia de los mismos, el tiempo durante el que se infligen, la edad de la víctima y muchos otros factores.
Por supuesto, en todas las familias hay discusiones. De hecho, lo raro es que en una familia no haya nunca momentos difíciles, desacuerdos y enfados. En la mayoría de las familias se utilizan a veces los castigos y la disciplina -como quitar privilegios a los hijos o prohibirles que salgan de su habitación o que salgan con sus amigos. Pero, cuando el castigo provoca daños físicos o psicológicos, se convierte en un problema. Y esto recibe el nombre de malos tratos.
Los adolescentes que son objeto de malos tratos suelen tener problemas para conciliar el sueño y para concentrarse. Y su rendimiento académico puede verse negativamente afectado porque están enfadados o asustados o porque no se pueden concentrar.
Muchas personas que han sido víctimas de malos tratos desconfían de los demás. Algunos sienten rabia contra sí mismos y contra los demás y les cuesta mucho hacer amistades. Algunos adolescentes que han sido víctimas de malos tratos se deprimen. Algunos se involucran en comportamientos autodestructivos, como autolesionarse o abusar de sustancias, como las drogas o el alcohol. Y hasta es posible que intenten suicidarse.
Es normal que una persona que haya sido maltratada por alguien a quien quiere, no sólo se sienta dolida y preocupada, sino también confundida sobre lo que le ha ocurrido. Puede sentirse culpable o avergonzare de lo ocurrido, sobre todo si ha sido objeto de abusos sexuales. Pero los malos tratos nunca son culpa de quien los recibe, por mucho que el maltratador intente echarle las culpas.

Los maltratadores a menudo intentan manipular a quienes maltratan para que crean que ellos son los culpables de los malos tratos y/o para que los mantengan en secreto. Un maltratador puede decir cosas como: "Esto será un secreto entre tú y yo", o "Si se lo cuentas a alguien, te haré daño o se lo haré a tu madre", o "Si intentas explicárselo a alguien, tendrás problemas. Nadie te creerá e irás a la cárcel por mentiroso". Ésta es la forma de conseguir que la víctima crea que no hay nada que pueda hacer y, por lo tanto, no merece la pena tomar medidas para poner fin a los malos o denunciarlos.

A las personas que son objeto de malos tratos puede resultarles difícil obtener ayuda, porque para ello tienen que acusar a alguien a quien quieren - alguien que puede ser maravilloso con ellos gran parte del tiempo y desagradable sólo parte del tiempo। De ahí que los malos tratos no se suelan denunciar.
¿Qué debería hacer una persona que recibe malos tratos?

Las personas que son víctimas de malos tratos necesitan ayuda. El hecho de mantenerlos en secreto no les protege de futuros malos tratos sino todo lo contrario - lo único que consiguen ocultándolos es incrementar las probabilidades de que continúen los malos tratos.
Si tú o alguien que conoces está siendo objeto de malos tratos, habla con alguien en quien confíes o en quien confíe tu amigo - un familiar, un amigo, un profesor de confianza, un médico o una adulto que trabaje con menores, sea en tu colegio o instituto o en tu lugar de culto.



Cuando los hijos maltratan a sus padres...

El “Síndrome del emperador”
No son mayores de edad, pero son los verdaderos jefes de la familia. No son delincuentes comunes, pero pegan, amenazan, roban, agreden psicológicamente… Son los protagonistas del llamado “síndrome del emperador”, un fenómeno de maltrato de hijos a padres que se ha instalado con fuerza en la sociedad.
Este tipo de violencia no es nueva, pero en los últimos años su incidencia se ha disparado: desde el año 2000, los casos de este tipo de maltrato se han multiplicado por seis, con cerca de 6 mil 500 denuncias recibidas por la Fiscalía General del Estado el año pasado.
Estos datos podrían reflejar sólo la punta del iceberg del problema, por la resistencia de los padres a denunciar a sus propios hijos. La pasada primavera, un caso sacó a la luz pública esta situación: una madre asturiana rogó a los servicios sociales que se ocuparan de su hija, cuyo comportamiento violento (golpes, robos, amenazas) ya no era capaz de resistir.
Sin embargo, “éste no es un caso característico, la tendencia de los padres es a encubrir el problema”. E l fenómeno se ha tratado durante más años y los datos sobre su incidencia son más preocupantes. Un estudio realizado en Estados Unidos advierte que la violencia (no exclusivamente física) de adolescentes hacia sus padres tiene una incidencia de entre el 7 y el 18 por ciento en las familias tradicionales (en las monoparentales llega hasta el 29, mientras que las estadísticas canadienses aseguran que uno de cada 10 padres son maltratados).




Razones

¿Qué puede ocurrir en la personalidad de un niño para que llegue a agredir a sus padres?
Esto señala a innumerables causas genéticas, familiares y ambientales que ayuden al desarrollo de este problema.
Podemos mencionar, entre ellas, “el abandono de las funciones familiares, la sobreprotección y sobre exigencia simultáneas, los hábitos familiares determinados por la escasez de tiempo, la ausencia de autoridad, la permisividad y, sobre todo, la falta de elementos afectivos, como la calidez en la relación con los hijos. Se les educa más en otros entornos sociales que en la familia, algo que no ocurría hace tan sólo una década”.
Sin embargo, para otros expertos, aspectos familiares o sociales, como la permisividad o la ausencia de autoridad, no son suficientes para explicar este fenómeno.
“Un padre excesivamente permisivo tiene como resultado un hijo caprichoso e irresponsable, pero no un hijo violento. La permisividad puede echar a perder a un niño (hacerse vago, juntarse con malas compañías, cometer delitos), pero si hay violencia es como resultado de un proceso de deterioro personal por falta de educación, generalmente al final de la adolescencia”, explicó.
Para Garrido, la clave está en que estos niños “son incapaces de desarrollar emociones morales (como la empatía, el amor o la compasión), lo que se traduce en dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones”.
Por ello, asegura que el “síndrome del emperador” tiene causas tanto biológicas (dificultad para desarrollar emociones morales y conciencia) como sociológicas, ya que, en la actualidad, “se desprestigia el sentimiento de culpa y se alienta la gratificación inmediata y el hedonismo.
“La familia y la escuela han perdido la capacidad de educación, y esto favorece que chicos con esta predisposición, que antes eran mantenidos por la sociedad, ahora tengan mucha más facilidad para exhibir la violencia”.
El elemento decisivo son “las carencias más o menos claras en la adquisición de competencias personales”, agudizado por el hecho de que “el hijo ideal de los padres está en franca contradicción con los hijos sociales ideales definidos por la sociedad de consumo y malas enseñansas y ejemplos que encontramos en la sociedad.
La importancia de los medios en este factor es clave: “La televisión enseña valores muy perjudiciales para los jovenes y para los niños, sobre todo a las tantas horas de la noche, y hay que decir que se tiene que esforzarse por renunciar a cosas inadecuadas y para perseguir metas que se requieren de mucho esfuerzo y asi se tendran buenos abitos y buenos valores. Los hijos tiranos ven en los medios muchas conductas y metas que son coincidentes con lo que ellos desean: pasarla bien y hacer lo que quieran sin que nadie les obstaculice”.



Lo que para muchos es una falta de disciplina que se soluciona con una “bofetada a tiempo”, es, sin embargo, un problema mucho más profundo que exige “ayudar a que el niño desarrolle una conciencia sólida; ésta es la mejor policía. Y ello se logra aplicando castigos razonables, pero firmes, y explicando las razones morales y prácticas que supone su mala acción. En los casos más graves , es mejor buscar consejos antes de actuar o de tomar cualquier decisión equivocada.
Las madres, principales víctimas.Los escasos estudios realizados en sobre este fenómeno no permiten elaborar un perfil exacto de las familias que acogen a un niño o joven con este problema.

“La mayoría de los casos se da en madres que vuelven a tener otra pareja”. Un informe asegura que la madre es la víctima en el 87 por ciento de las ocasiones que se produce este tipo de violencia, y que principalmente recibe agresiones físicas, aunque también son habituales las verbales. En el 13.8 por ciento de los casos, el estudio refleja que la intimidación se produjo con un cuchillo o un arma similar.


La edad media de los menores denunciados por este tipo de violencia es inferior a la de otros delitos. Mientras que en estos últimos años han sido de 17 años de edad.


La última característica es que esta violencia familiar tiene una incidencia sensiblemente superior en hijos adoptados frente a los biológicos.


Cómo detectar este problema en casa:
1.- Incapacidad para desarrollar emociones morales (empatía, amor, compasión, etcétera) auténticas. Esto se traduce en muchas dificultades para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones.
2.- Incapacidad para aprender de los errores y de los castigos. Ante la desesperación de los padres, no parece que sirvan regaños y conversaciones, él busca su propio beneficio, parece guiado por un gran egocentrismo.
3.- Conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles hacia hermanos y amistades.


Cómo enfrentarse a este problema:
1.- Desarrollar de manera intencionada y sistemática las emociones morales y la conciencia de los hijos, dándoles oportunidades para que practiquen actos altruistas y que extraigan lecciones morales.
2.- Establecer límites firmes que no toleren la violencia y el engaño.
3.- Prestar ayuda para que desarrollen habilidades no violentas, y que puedan ser de apoyo en la familia.
Medita en los siguientes vesículos que podrán ser de ayuda.
JEHOVÁ es mi pastor, nada me faltalrá . En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma.Me guiará por sendas de justicia por amor de su NOMBRE.
Aunque ande en valle de sombra de muerte , no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirá aliento SALMO 23 :1-4


























1 ene. 2009